NASTIKEROS POR EL MUNDO 4 | Madrid: Jaime Saiz | 24/02/15

Tras un pequeño parón en el mes de enero, vuelve la sección 'Nastikeros por el mundo', con su cuarta edición. Este mes conocemos a Jaime Saiz, un joven tarraconense que dejó Tarragona por Madrid por motivos laborales. Más allá de la consideración que haga cada uno/a de si la ciudad madrileña es o no otro país, lo cierto es que Jaime está a medio millar de kilómetros del Nou Estadi, y aun así tiene siempre muy presente a su equipo. Le conocemos.

Pregunta. Está usted muy relacionado con el Nàstic de Tarragona. Explíquenos esa relación.

Jaime Saiz: De pequeño, antes de que fuera capaz de entender y seguir un partido, mi padre solía llevarme a algún partido al campo. Íbamos en moto y nos turnábamos mi hermano y yo. Ese fue mi primer contacto con el Nàstic.

La primera vez que fui socio fue para los playoffs del 2000/2001, y vaya estreno... todavía recuerdo el 3-1 al todopoderoso Cádiz con hattrick de Castillejo. A partir de entonces he sido socio todos los años menos dos, los siguientes tras llegar a Madrid. La temporada pasada aproveché la promoción de 2x1 para nuevos socios, y esta temporada me sentía en deber de apoyar al equipo que tanto ilusionó en la recta final de la pasada temporada, y renové el abono.

Además, del 2003 al 2010 jugué en el Nàstic de fútbol sala, primero de Juvenil y luego en el primer equipo. Guardo grandes recuerdos y grandes amistades de mis siete años allí. Entré en el club siendo estudiante de Bachillerato y dependiendo de padres, hermanos mayores y entrenadores para ir a los entrenamientos y a los partidos, y salí de él con una carrera universitaria debajo del brazo, con trabajo, coche...

P. En todos sus años como seguidor del primer equipo del Nàstic, ¿qué momento destacaría como el mejor? ¿Y el peor?

J.S: Como mejor, ascenso a Primera aparte, el de ver jugar y tutear al mismísimo Real Madrid de los galácticos  con su 11 titular en directo en el Bernabéu en la Copa del Rey, tras haberles ganado 1-0 en casa, cuando el Nàstic era todavía un equipo semi-profesional y con un entrenador que era farmacéutico. Dos veces nos pusimos por delante del marcador, finalizó 4-2 con el Madrid pidiendo la hora. Los más de 1.000 km en bus en un día merecieron la pena.


El peor, quizá porqué aún es algo reciente y se trata de una herida que no se curará del todo hasta que no volvamos a Segunda, el partido en Llagostera.

P.  ¿Sigues normalmente al equipo desde Madrid? Si es así, ¿cómo?

J.S: Lo habitual es que siga los partidos o bien por la radio en Internet o por Twitter, además que recibo whatsapps de mi padre y amigos.

Si el partido lo retransmiten en televisión y por Internet, esa es mi opción número uno. La temporada pasada, por ejemplo, reuní varios amigos de Madrid para ver los tres partidos de vuelta de playoffs de ascenso. Desde entonces son varios los que me preguntan semana a semana qué ha hecho el equipo.

Y si estoy en Tarragona, voy al estadio de cabeza ya que todavía soy socio. Una de las muchas variables que tengo en cuenta para escoger qué fines de semana visito Tarragona son los partidos del Nàstic en el Nou Estadi. Y evidentemente, no hay lunes que no me lea las crónicas y vea el resumen del partido. 

P. ¿Cómo ves la situación actual del equipo desde la distancia?

J.S: Veo al equipo muy fuerte, que sabe a lo que juega y muy sólido defensivamente. Siempre he creído que los equipos que acaban líderes suelen ser los que menos goles encajan, y no siempre los que más marcan.

Se vuelve a ver esa comunión equipo-afición que ya hubo en la recta final de la pasada temporada, y por fin hemos empezado a hacer los deberes desde la primera vuelta y no dependemos de remontadas épicas en la clasificación para clasificarnos a los playoffs.

Veo clave acabar como primeros y vamos por el buen camino, ya que a pesar de las múltiples bajas recientes el equipo no solo ha dado la cara, sino que además ha dado un golpe fuerte sobre la mesa ganando 0-3 al Hércules en el Rico Pérez y por fin ha dado una alegría en casa, muy necesaria, ganando 3-1 al Valencia Mestalla.

P. Te marchaste a Madrid hace cuatro años. ¿Qué razones te llevaron a ello?

J.S: La empresa en la que estoy ahora contactó conmigo mediante un portal web de empleo para ver si estaba interesado en realizar el proceso de selección con ellos. Me pareció interesante y dije que sí. Tras superar las cuatro fases del proceso de selección (con viajes a Madrid y Barcelona) me llegó la oferta formal de trabajo, que tenía una caducidad de unos pocos días. Lo que contesté es evidente... 

P. ¿Te costó tomar la decisión de dejar Tarragona por Madrid?

J.S: Los primeros días dudé, ya que iba a ser mi primera experiencia lejos de Tarragona, no conocía a nadie, y yo ya tenía trabajo aquí, aunque con contrato temporal. Después de meditarlo un par de días, pensé que era lo mejor y finalmente ha sido una decisión que nunca me arrepentiré de haber tomado.

P. Llegaste a tu nueva ciudad 'con las manos vacías', ¿no es así?

J.S: Cierto. Un viernes fue mi último día de trabajo en Tarragona y el lunes ya empezaba en mi nueva empresa en Madrid. El sábado por la mañana cogí el tren con una maleta enorme llena principalmente de trajes, camisas y corbatas, y me instalé en un hostal, ya que no conocía a nadie en la ciudad. Esa misma tarde y el domingo tenía programadas varias visitas para ver habitaciones en pisos compartidos. Ese fin de semana no encontré nada aceptable y tuve que permanecer otro fin de semana más en el hostal, hasta que al final encontré un piso que me encajaba.

P. ¿Cómo fueron sus primeros días? ¿Le costó adaptarse?

J.S: Inicialmente complicados por estar alojado en un hostal. Tenía que usar una diminuta plancha de viaje para mis camisas, llevar la ropa a una lavandería, cenar todos los días por mi cuenta...


Eso sí, el primer jueves ya estaba jugado un partido de fútbol 7 con mis nuevos compañeros de trabajo (aún recuerdo que me tuvieron que dejar ropa y zapatillas) y ese mismo viernes ya fui invitado al cumpleaños de uno de ellos. Por entrar en una empresa joven y con mucha gente de fuera, enseguida encontré mi grupo de conocidos que pronto se convirtieron en grupo de amigos.

P. Más allá del puesto de trabajo, ¿qué ha cambiado en su vida desde que vive en Madrid?

J.S: Simplemente por el hecho de pasar de vivir con mis padres y en una ciudad pequeña (y preciosa) a compartir piso en una ciudad grande (no tanto como puede parecer), sí cambió bastante.

De todas formas, de lunes a viernes sigo teniendo que madrugar para ir a trabajar, y el trabajo es la actividad que más horas ocupa en mi día a día. Sigo practicando deporte igual que hacía en Tarragona, disfruto del muchísimo ocio que ofrece la ciudad, y a menudo me dejo caer por casa. En lo que más ha cambiado es que ahora vivo sin coche, sé hacer varios tipos de nudo de corbata, plancho camisas sin esfuerzo y no me desenvuelvo mal en la cocina.

P. ¿Qué es lo mejor y lo peor de su nueva ciudad?

J.S: Lo mejor, la cantidad de planes y la oferta cultural y de ocio que existe durante todo el año, y cualquier día de la semana. Madrid tiene una vida que cuesta encontrar en cualquier otra ciudad del mundo. La gente es muy abierta y cercana y cualquier persona, sin importar de dónde venga, se siente una más. Me arriesgo a decir que Madrid es tanto o más de los no madrileños que de los madrileños.

Lo peor, las distancias y tiempo a la hora de desplazarse para ir a trabajar. Otro punto muy negativo, lo lejos que está del mar.

P. Si algún nastikero fuera a Madrid, ¿qué recorrido le haría por la ciudad?

J.S: Para una visita de fin de semana:

El viernes tras dejar las maletas en el alojamiento, callejear por Malasaña hasta entrar en alguno de sus bares castizos. Para intentar aprovechar el sábado, tomar solo alguna copa por el mismo barrio de Malasaña, Tribunal o la zona de Huertas, todas ellas a pie.

El sábado, paseo por Chueca con una primera parada en el Mercado de San Antón. Seguir por Fuencarral, donde nos encontramos con decenas de tiendas de ropa, cruzar la Gran Vía hasta llegar a Sol y luego plaza Mayor (el café con leche es opcional, y caro). Una parada técnica de nuevo en un mercado, el de San Miguel, para coger fuerzas y beber un vermut de Reus (muy fácil de encontrar por todo Madrid) junto con algún pincho. Se sigue el paseo hasta la plaza de Oriente para contemplar el Palacio Real y la Catedral de la Almudena. 

La tarde se puede dedicar a compras en la calle Fuencarral o por el barrio de Salamanca, o bien visitar el parque del Retiro, los museos del Prado y Reina Sofía, asistir a una obra de teatro o musical... Si se está cerca de plaza de España, ver el atardecer en el Templo de Debod. La noche está reservada para alguna discoteca de moda de la ciudad, y si se alarga hasta altas horas y se está cerca de Sol, se debe ir a desayunar a la mítica chocolatería de San Ginés. El domingo visita al Rastro y latineo, que dicho así parece poco, pero si uno quiere se puede alargar hasta bien entrada la madrugada.

P. ¿Qué es lo que más echa de menos de vivir en Tarragona? 

J.S: En primer lugar, evidentemente, la familia y amigos. Inmediatamente después el mar, el fantástico clima y la historia que se respira en cada rincón de la ciudad. Y por supuesto, otra cosa que echo bastante de menos son las tardes de fútbol en el Nou Estadi.



P. ¿Tiene pensado volver pronto a su ciudad?

J.S: Creo (estoy seguro) que mi madre es la primera que está deseando que vuelva a Tarragona. Yo por ahora estoy muy bien en Madrid, una ciudad que, como muchas otras, merece la pena vivir. Además, ahora mismo me ofrece un abanico de posibilidades laborales que Tarragona, por desgracia, no me puede ofrecer.

Test rápido


Su equipo preferido: Nàstic.

Su jugador preferido: Pinilla (qué bonito es poder despedir en tu estadio a un jugador emblema en su último partido como profesional).

Su comida preferida: si puedo escoger un plato estacional, la calçotada, y para cualquier momento del año, paella de marisco.

Un libro: 'El alquimista', de Paulo Coelho.

Una película: 'Pulp Fiction'.

Una canción: 'L'amour toujours' de Gigi D'Agostino.

Un sueño: que en el futuro no se cometan los mismos errores que en el pasado.

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